Dicen que la alegría tomó un avión con destino a un futuro esperanzador. Junto a ella se sentaban la incertidumbre, que no paraba de preguntar cosas, y la tristeza, que no hacía sino lamentarse por todo. Llegaron a su destino y la alegría no se las pudo quitar de encima; sin embargo sonrió (qué iba a hacer si no...!!) al ver aparecer la novedad. Ésta se afanó por enseñarles todo. Eran tantas cosas que la tristeza se perdió por el camino (dónde la hemos dejado?, se preguntaban) y la incertidumbre decidió que tenía mejores que hacer (pero qué cosas? No lo veía claro...).
Juntas, la alegría y la novedad, avanzaron en el camino. Se encontraron con el esfuerzo, siempre tan activo y solidario, que hizo todo más sencillo y gratificante.
No sólo eso, sino que también apareció la diversión... Juntas, la diversión y la novedad, decidieron que no les acompañara el esfuerzo (para qué? seguro que tenía mejores cosas que hacer) y llevaron a la alegría hasta la amistad, siempre dispuesta. Eran buenos momentos, muy buenos. Pero en un descuido de la alegría se encontró con el recuerdo (siempre echando la vista atrás) y la nostalgia con sus kleenex. Tanto enredaron en la alegría que ésta de repente sintió que le tocaban en el hombro. Cuál fue su sorpresa cuando descubrió la mirada torcida y maliciosa de la traición.
Ésta confundió al recuerdo y la alegría quiso despedirse de la diversión, dejando a la amistad hablando con la confusión, siempre malmetiendo... Pocos pasos bastaron para entir un leve contacto en el otro hombro (la traición siempre tiene el suyo y no lo cede) y ver la alegría lo más inesperado, loco, indescriptible, ¿real?, ¿irreal?, fresco, revelador, ...
Era la milikitez.
Siempre donde menos lo esperas. Siempre sacando lo mejor de nosotros mismos. Una espontaneidad, una mirada, una risa, una metedura de pata, la posterior carcajada... Milikitadas al fin y al cabo. Motivos suficientes para que la traición huyera buscando otras posibles víctimas.
Y, siempre teniendo en cuenta la milikitez, la alegría siguió su camino junto a la novedad (le prometió acompañarla durante un tiempo) y siempre dispuesta a disfrutar.
Mr. E, hace falta mucho más para que la traición pueda con la milikitez. Una traición sería no seguir recibiendo emails y mensajes. Una traición sería cerrar la puerta al recuerdo y la nostalgia. Una traición sería expulsar a la amistad. Pero, por mucho que se intente, la milikitez es irreemplazable, auténtica e inalcanzable. Llegarán otr@s, pero créeme, no será lo mismo. Será muy bueno también, pero hay tantos factores alrededor... que milikitos únicamente en ICT.
Mr. E, Mrs. A, Mr. Ñ, Mr. L, Mr. S ... have a nice day!
Antes de despedirme, que me perdone el gran Benedetti si este post ha tratado de parecerse algo a uno de sus grandes textos. Sería una insensatez y una osadía por mi parte... Sólo quería que resultara original.
Un milikito
"Not a post ... but a blog itself..."
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