Llegan las “vacaciones” de Semana Santa y, efectivamente he escrito la palabra entrecomillada, porque 1 día extra no lo puedo considerar como vacaciones. Así que para que parezca que efectivamente hay unas mini-vacaciones la mejor solución es salir de la ciudad. Esta vez, rumbo a un destino ya de sobra conocido: Quebec City. Sin embargo, y siguiendo una de mis (repetidas) máximas: “los lugares los hacen las personas”, es como si llegaras al lugar con el ánimo de seguir descubriendo lugares y rincones.
Coincide además que en esos días emitieron en España el documental “Españoles por el mundo: Quebec City”. ¡Qué casualidad! Por allí estábamos un asturiano, dos catalanes y un vasco también.
Tomando como “centro de operaciones” la ciudad de Quebec optamos esta vez por visitar lugares de los alrededores, perdernos en la naturaleza y desconectar de la vida urbana. Así, dedicamos 2 días a visitar sendos parques, siempre con la esperanza de ver algún animal digno de mención. ¿Osos, alces, castores, ciervos,…? Por otra parte estaba el clima, que aunque la ciudad nos recibió con frío y algo de nieve (sí, aún cae “esa mierda blanca del cielo”, como dice el argentino del chiste harto de la vida en Toronto), pensábamos que no haría demasiado frío y que quizás, sólo quizás, veríamos un poco de nieve en los parques. Ilusos.
El paseo del primer día sirvió de aperitivo para el segundo día y nos proporcionó bonitas vistas y algún que otro animal. Una nutria, por ejemplo. Ahora, de lo que sí nos dimos cuenta fue que la posibilidad de ver algo de nieve no admitía porcentaje alguno de éxito sino que la veríamos con total certeza al día siguiente en Jacques-Cartier.
Otra cosa que no sabíamos que veríamos, y degustaríamos, con total certeza esa noche era el solomillo Wellington. Era una asignatura pendiente que llevaba resistiéndose 1 año hasta que por fin pudimos tacharla de la lista. Las referencias de este plato eran inmejorables y creo que nos merecíamos este pequeño homenaje. Para ello el frente catalán aumento y pudimos disfrutar de la compañía de Alba y Cristina. ¿Qué cómo estaba el famoso solomillo? Excelente. Sólo de pensar en el hojaldre que lo envolvía, la salsa de foie… mejor no sigo.

La visita al segundo de los parques no decepcionó: Jacques-Cartier. Lo había visitado anteriormente, en aquella excursión en la que pude ver alces, pero el paisaje en estos momentos no tenía nada que ver con el que se podía presenciar entonces. Las tonalidades de las hojas dejaron paso al blanquecino de la nieve reinante… y la ausencia de las propias hojas. Aun así, el encanto se mantenía intacto. La suerte vivida la primera vez al poder ver varios alces nos perseguía y más de uno tenía como objetivo ver los famosos (y no fácilmente visibles) animales. Tarea nada sencilla.
Caminamos unas horas por donde buenamente pudimos ya que el estado del terreno no daba para mucho más. Nieve, nieve y más nieve. Eso sí, el frío era más que soportable y los paisajes de una belleza impagable.
Pero… la visita aún deparaba una sorpresa. Conduciendo y ya saliendo del parque nos vimos obligados a parar el coche a un lado, descender del mismo y sonreír por la buena suerte que habíamos tenido: un alce. Ahí estaba el alce hembra, tumbado junto al río y ajeno a la expectación que estaba generando su simple presencia.
Todo ello justificó los días fuera de la ciudad. El buen ambiente fue una tónica constante y ayudó a que hiciéramos la vuelta a casa con una sonrisa… y algunos durmiendo. A mí al menos me aportó mucho y sólo puedo agradecer el haber compartido estos días con Aitor, Carlos y Patricia, además de Alba y Cristina.
Y ahora sí que podria decirse que el invierno ha pasado. Los paisajes nevados y las temperaturas negativas dan un respiro y no haran acto de presencia (esperemos) hasta dentro de unos meses. El veranito y las temperaturas altas esperan. La verdad es que el invierno se disfruta, pero las ganas de abandonar por un tiempo el abrigo y la bufanda se apoderan de mí.
Han sido meses de experiencias que he disfrutado mucho, con planes constantes y, aún y todo, ha faltado tiempo para hacer actividades que tenía pensadas. Hace un año no pensaba que mi experiencia por estas tierras me ofrecería la oportunidad de vivir un segundo invierno, como así ha sido.
Termino el post con un breve repaso al invierno. Espero que os guste…











Me ha encantado ese colofón final con música en francés, siguiendo el tono de Quebec, no?
ResponderEliminarEsther