jueves, 3 de junio de 2010

Ahora lo entiendo...

Hay situaciones y momentos que se quedan grabados no sé si en nuestras retinas o "simplemente" en nuestra memoria para siempre. Son esas vivencias para las que no vale aplicar la supuesta "memoria selectiva" que a veces tenemos porque siempre estarían en la selección. ¿Por qué? Porque escapan a la razón y atrapan algo más importante que tenemos dentro de nosotros: los sentimientos. Esa es mi teoría al menos.

Os preguntaréis por qué he comenzado así el post. Hace unos años mi hermana estaba estudiando en Londres; mi hermana pequeña sola en la inmensidad de la capital británica. Como no podía ser de otra manera, una visita era obligada, pero fue más especial aún porque me acompañó (o yo a ella) mi madre. Lo hubiera sido más aún de haber venido también mi aita, pero no pudo ser. Tras unos días sencillamente inolvidables (la memoria selectiva tampoco podría evitarlos) llegó el momento de la despedida.

Fueron unos momentos muy especiales, cargados de emoción y sentimiento... que yo no llegué a entender del todo. No sé quién estaba peor: mi madre o mi hermana. Vamos, un poema. Y yo, inconsciente y feliz de la vida, me preguntaba "pero, ¿por qué tanta tristeza? Si está todo bien y en breve nos vemos...". Iluso de mí.

Hay veces que es necesario vivir determinadas experiencias para sentirlas y comprenderlas. Repito, iluso de mí.

Estos días he tenido una visita especial de un gran amigo, un hermano podría decir. Han sido 10 días de convivencia llenos de risas, anécdotas, conversaciones, confidencias, ... y llegó, como le ocurrió a mi hermana hace unos años, el momento de la despedida. Yo, poco amigo de ellas, las acorto al máximo. Pero viene el después. Y ha sido triste. Ahora entiendo el vacío que puedes sentir al estar a miles de kilómetros de casa, incluso con océano de por medio, y ver que una pequeña parte de ti monta en ese avión.

A pesar de ello: bendita tristeza. Es una gozada poder vivir estas experiencias aunque a veces sean tristes y, de esa tristeza, se saca una lectura muy positiva y enriquecedora.

En unos días tengo otra visita y esta vez espero estar más preparado...

Miro a mi alrededor y no veo a nadie; sin embargo, no me siento solo en absoluto.

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