Vengo de una tierra en la que la montaña es un elemento inherente a nuestra orografía... y nuestras costumbres. Sin embargo, reconociendo que no soy una persona muy "mendizale", ello no quita para disfrutar mucho de un día de naturaleza y hiking, lo que hasta que comenzara la era de los anglicismos venía a llamarse senderismo.
Así que después de una época sin salidas fuera de la ciudad debido a la meteorología, llega el momento de desconectar de la rutina diaria.
El estado de Quebec, contrariamente a lo que muchos pensarán, es muy llano y por eso decidimos cruzar la frontera e ir a los Adirondack, en el estado de Nueva York. Cuando te hablan de Canadá siempre piensa uno en montañas altas y naturaleza, pero las cimas más altas están la costa oeste.
Después de pasar un rato “interesante” en la frontera con Estados Unidos, algo que ya va siendo habitual… el paisaje va cambiando paulatinamente. La vasta llanura da paso a pequeñas ondulaciones del terreno y la cordillera de los Adirondack hace acto de presencia entre la niebla reinante.
El estado de Quebec, contrariamente a lo que muchos pensarán, es muy llano y por eso decidimos cruzar la frontera e ir a los Adirondack, en el estado de Nueva York. Cuando te hablan de Canadá siempre piensa uno en montañas altas y naturaleza, pero las cimas más altas están la costa oeste.
Después de pasar un rato “interesante” en la frontera con Estados Unidos, algo que ya va siendo habitual… el paisaje va cambiando paulatinamente. La vasta llanura da paso a pequeñas ondulaciones del terreno y la cordillera de los Adirondack hace acto de presencia entre la niebla reinante.
Sin embargo, la siempre caprichosa meteorología nos tenía una sorpresa reservada. A veces las sorpresas hacen ilusión y suelen gustar, pero cuando éstas esconden un diluvio universal… no, entonces no hace tanta ilusión. Ninguna. Fue imposible hacer un fuego, así que cenamos rápidamente, montamos las tiendas y a dormir.
Afortunadamente, el día amaneció dándonos la bienvenida con el cielo despejado. Así que nos pusimos en marcha rumbo al Mount Marcy, es decir, el pico más alto del estado de Nueva York: 1629m (o 5344 pies, que parece como que es más, ¿verdad?). Lo que viene a ser el Gorbea de aquí. Ello me motivaba más aún, después de estar unos años aguantando las mofas de amigos porque un 31 de diciembre que subimos al Gorbea… fui el único en no llegar a la cima. Sí, lo reconozco… Así que esta vez pude resarcirme, con la ligera diferencia que no estaba en Euskadi sino en New York. Bueno, los extrarradios de Bilbao, ¿verdad? Si los de Bilbao nacemos donde queremos… también podemos poner los limites del Botxo donde más nos convenga, ¿o no?
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| Carlos, Yésica y yo (Oskar sacando la foto) comenzando la ruta |
El camino discurre en torno a lagos, siguiendo el curso de un río y muestra un bello paraje en nuestro intento por sortear los casi 900m de desnivel.
Risas, buen ambiente, conversaciones interesantes… y llegamos al primer alto en el camino. Un mirador realmente imponente.
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| Buen sitio para pensar, reflexionar... |
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| Un poco de "escalada" |
Es hora de reanudar la marcha, tanto por el tiempo como por no caer en el error de la pereza pensando en lo que queda, que aún es un buen trecho. Así, con el mismo buen ánimo, logramos hacer cima, donde soplaba el viento una barbaridad. En un día claro y despejado dicen que pueden verse desde la cima varios condados a la redonda. Sinceramente, no sé si ese día se podía ver mucho o poco, pero sí sé que el esfuerzo mereció la pena con creces.
El descenso, como suele ocurrir a menudo, se hizo más largo y pesado que la subida y llegamos al campamento casi entrada la noche. Perfecto para preparar la cena y posterior velada. Para ello, un elemento imprescindible: el fuego. Los “campsites” de EEUU y Canadá están para ello muy bien preparados. En cada parcela hay una zona delimitada para hacer fuego y en el momento de entrar en el campamento te entregan la madera que debe utilizarse. No se puede en general utilizar madera traída de fuera. El motivo es tener bien controlado su uso y evitar posibles plagas.
Visto así puede parece que no habría ningún misterio, pero lo cierto es que costó, y mucho, hacer fuego. Una vez resuelto gracias a la pericia de Carlos y Oskar, llegó la hora de cenar bien y reír mucho a base de historietas, chistes y lo que se nos ocurriera.
Para completar un muy buen fin de semana, y bajo un sol de justicia, dedicamos el domingo a descansar junto al lago. Unos se dedicaron a leer y nadar emulando a Michael Phelps, otros a pasear y otros nos dedicamos a leer, jugar (y perder de paliza con Carlos) al ajedrez…
Llega la hora de marchar, nos esperan un par de horas de viaje con un cruce frontera en medio.
El fin de semana deja en la memoria muchos momentos, y buenos. Pequeños detalles que en aquellos momentos pasaron desapercibidos y ahora cobran más importancia. Cuando hago un repaso al 2011 y trato de destacar algunos de los mejores momentos, este fin de semana en Adirondack aparece entre ellos. El lugar cumple su cometido, sí, pero la gente aporta los detalles importantes. ¡Así que gracias a mis "compis" de viaje!
















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