Un breve inciso en el relato sobre mis vacaciones californianas para contar la situación de Montreal. Y es que como he comentado en otras ocasiones, esta ciudad vive los cambios estacionales con total intensidad.
Si recordáis las fotos del verano aquí, e incluso de la primavera, parece mentira que una ciudad pueda cambiar tanto en tan poco tiempo. La mezcla de sensaciones no deja de ser contradictoria ya que por una parte está la expectación ante lo que se avecina y por otro lado la pena por lo que ya ha pasado.
No es lo mismo ver la ciudad llena de terrazas, gente caminando por la calle, bicicletas, etc. que contemplarla en esa dura transición al invierno… o ya en pleno invierno.
Ya había oído hablar del otoño de Norteamérica y la tonalidad de las hojas en los árboles. Era algo que esperaba con ganas (mi hermana puede dar fe de ello ya que lo comprobó cuando vino a Montreal) pero finalmente te llevas una leve desilusión, quizás originada por el mero desconocimiento de las cosas: ¡qué poco dura el otoño! Fijaos bien que digo “leve” y es que el espectáculo es algo increíble. Una pena, repito, que dure tan poco.
Como muestra de ello os voy a contar brevemente la aventura vivida en esa época, algo que he decidido llamar como “Fatal canoeing”.
En pleno mes de octubre y aprovechando ese maravilloso paisaje nos dirigimos al parque nacional de Mont Tremblant para dar un pase en canoa. Día frío otoñal que no hizo que nuestras ganas de pasarlo bien disminuyeran. Por el camino pudimos, además, disfrutar de esas vistas que no me canso en repetir que eran espectaculares.
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| Camino de Mont Tremblant |
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| Estación de esquí en pleno otoño |
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| Siguiendo el coche de Jon |
Y una vez allí, para resumirlo mucho y no volver a recordarlo en exceso, lo que iba a ser un paseo apacible tipo al descenso del Sella en Asturias, se convirtió en una absoluta pesadilla. Unos rápidos nos jugaron una mala pasada y la canoa en la que iba con Carlos volcó y caímos a las gélidas aguas del río. Fueron momentos de gran angustia pero al final conseguimos salir del río y reunirnos con nuestros amigos, que estaban buscándonos por la zona.
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| Lugar espectacular donde poder leer, pensar, reflexionar... |
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| Los aventureros: Oskar, Carlos, Jon, Gen y yo |
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| Qué contentos íbamos... |
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| Repasando el lugar "maldito" |
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| "Ha sido jodido, ¿eh? Ufff..." |
Una vez pasado el susto, volvió el humor para tratar de quitar hierro al asunto e intentar “salvar” el día, ya que no pudimos continuar con el recorrido (yo, además, me negué a hacerlo considerando el estado de semi-shock en el que estaba aun).
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| Un poco de teatro... |
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| ... y con ganas aún para posar |
Gracias desde aquí a Oskar, Jon y Gen por vuestra ayuda y paciencia. Para la siguiente ocasión perfeccionaremos el estilo Carlos y yo para hacerlo como auténticos profesionales.
Como os habéis dado cuenta, lo que en principio comenzaba como una manera de mostraros el paisaje otoñal, ha terminado finalmente en una historia que había que contar.
Ese ha sido uno de los principales recuerdos del otoño, pero no el único. No puedo olvidar esos momentos pre-Halloween y la noche de Halloween...
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| Cervez con chupito con Oskar y Carlos |
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| ¡Halloween! |
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| Jardín Chino y su exposición de "linternas" |
Las calles llenas de hojas, el frío “de verdad” que hace su presencia… Aunque luego te das cuenta que ese no era el “frío de verdad”. Ahora s´ que no lo es, pero seguro que “el de verdad” aun no ha llegado.
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| (Foto de Oskar) |
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| (Otra foto de Oskar) |
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| Árbol rojo con Idoia y Aran |
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| Un tío interesante... |
Todo ello forma una transición que no es fácil de “digerir”. Y es por eso que hay que intentar fomentar los buenos momentos que lo hagan más llevadero. Los días son sensiblemente más cortos, las temperaturas han cambiado, la sequedad en el apartamento… y los chispazos vuelven a aparecer. Sí, los chispazos. Es algo inimaginable. Todos los días creo que todos los que estamos aquí recibimos algún chispazo, calambrazo o como se quiera llamar, al realizar acciones de lo más cotidianas: quitarse un jersey, pulsar un interruptor, abrir un armario, tocar en el hombro a una persona… y un sinfín de ejemplos más. Incluso me contaban compañeros que el año pasado llegaron a ver un auténtico arco eléctrico entre un dedo y el marco metálico de la ventana.
Así que con estos cambios recibimos al invierno a pesar no haber llegado a la fecha oficial. Eso da igual. Para muestra, un botón. Es casi media noche en Montreal y mientras estoy tranquilamente en el sofá de mi apartamento, en el exterior hay una temperatura de lo más "primaveral". Si no, mirad lo que muestra una página de internet:
Ahora lo veo desde una relativa distancia pero hace algo más de 1h la temperatura era la misma y yo volvía a casa caminando por la calle en compañía de Carlos. Yo sólo sabía que tenía frío (en las piernas sobre todo) pero Carlos acertó la temperatura (-15ºC), así que se nota que éste es su segundo invierno montrealense.
La ciudad de todas formas está preciosa cubierta bajo ese manto de nieve. Al menos es lo que pienso ahora... Espero no cansarme de ello. Es momento de aprovechar esta experiencia, que al fin y al cabo no deja de ser una situación nueva.
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| Hace 2 días al salir del trabajo... a las 5:30 de la tarde |
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| Que saque rápido la foto porque nos congelamos... |
Sé que alguno estará pensando que dónde están las fotos de la ciudad nevada. Yo también estoy esperando verlas, y es que llegando a casa de noche todos los días resulta complicado sacar fotos. Habrá que esperar a un fin de semana...
Tio, tenias q haberlo adornado un poco en plan "El ultimo superviviente".... la historia daba de si...
ResponderEliminarTelhapetrovsk