viernes, 31 de diciembre de 2010

Un paseo en bici



En mi anterior visita a la ciudad hice un recorrido en bicicleta por la costa que me gustó mucho. Así que trasladé la misma propuesta a mis amigos pero cambiando el recorrido. Mi idea era el paseo típico: ir a Sausalito en bici para volver en ferry. Fue acogido de buen agrado y una vez hecho puedo decir que fue una idea magnífica.

Para empezar, el día no podía ser mejor: soleado, sin niebla...


Los aventureros con la isla de Alcatraz de fondo

Alcatraz

Y comienza el paseo desde el Fisherman’s Warf, bordeando la costa, Presidio...




... con un alto en el camino, ¡cómo no!, para ver mi casa favorita de la ciudad. ¿Por qué? No lo sé, pero me resulta curiosa y graciosa. En cierta medida me recuerda a la casa de los pitufos... pero sin ser azul.


Nos desviamos un momento hacia el interior para acercarnos a los exteriores del museo de ciencias, un lugar muy agradable y rodeado de casas espectaculares. Según nos contaba Isra, alguna vez en alguna casa de la zona se montó un “garage sale” y se podían conseguir obras de arte, artículos de lujo, etc. Muchos os preguntaréis qué es un “garage sale” y no es otra cosa que una liquidación de los artículos de tu casa. Es muy típico de Estados Unidos, Australia, Canadá... (que yo sepa) y lo que se hace es poner precios (normalmente ridículos) a los artículos de los que te quieres desprender. El motivo principal suele ser una mudanza. Así que puede ser que llegue alguien y te pague 100$ por tu cama, la cogen y se la llevan.

Poco a poco nos vamos acercando al momento “estrella” del recorrido: el Golden Gate. Por el día tan bueno que hace y la presencia general de turistas en la ciudad esperábamos mucho tráfico peatonal y de bicis en el puente... y así fue.

Había que "tensar" los cables del Golden Gate

Tuvimos un rato gracioso haciendo fotos en modo “terraza” como dijo Amaia confundiéndose. Realmente me refiero al “modo ráfaga” de la cámara, es decir, unas cuantas fotos por segundo que permiten recrear una secuencia en movimiento. 

Una de las fotos en "modo ráfaga"



Con algún que otro esfuerzo...


... llegamos al famosísimo puente, un lugar que no me cansaré de contemplar y disfrutar. De verdad lo digo que se ha convertido en uno de mis lugares predilectos. Me parece una auténtica gozada por muchas cosas, aunque quizás se deba a los recuerdos tan buenos que vienen asociados a los días que lo he visto.

Las vistas me parecen espectaculares y es posible contemplar la bahía, abarcando la vista desde la propia ciudad de San Francisco a la isla de Alcatraz, el puente Bay Bridge, Sausalito, Tiburón... e incluso creo que se llega a ver Oakland. Nuevamente, y cayendo en el riesgo de resultar reiterativo, el día despejado es un gran aliado, y es que contrariamente a lo que muchos podáis pensar, el verano es San Francisco no es un “verano” propiamente dicho. El clima en esta época del año es muy caprichoso, los días de niebla densa se suceden y el frío está presente. Un escritor, y no recuerdo su nombre, dijo “mi peor invierno fue un verano en San Francisco”. Le creo. 


Vista de la bahía







Una vez cruzado el puente ya estamos al otro lado de la bahía y dispuestos a seguir la carretera en dirección a Sausalito. La pendiente comienza a inclinarse, pero a nuestro favor, y apenas hay que dar pedaladas.

Al otro lado de la bahía

Y allí a su frente... San francisco

¿Me ayudas a bajar, Nere?

Sausalito

Al llegar a Sausalito, y después de dar un paseo, se acerca la hora de apagar el grito de nuestras tripas, así que... ¡a comer! Compramos unas hamburguesas en un lugar curioso (y conocido) donde las hacían a la vez en una parrilla giratoria y nos sentamos en un parque buscando tranquilidad. Pero no contábamos con la posterior presencia de un grupo de chinos que gracias a sus continuos gritos rompieron dicha tranquilidad. Aún así, estaba riquísima y estuvimos genial, haciendo tiempo hasta la hora de coger el ferry rumbo a San Francisco.

Las burgers en la parrilla giratoria

Comiendo en el parquecillo

Relax con el estómago lleno

Vuelta a la ciudad en ferry
Llegada a SF en ferry


Paseo por los "piers"

La luz del día se va apagando poco a poco y aunque parece que hace poco que comimos, no es así... y llega la hora de cenar. ¿Dónde? En el conocido Stinking Rose, un restaurante cuyo ingrediente principal es el ajo. 


Cenando en el Stinking Rose


Un sitio precioso y la comida, genial. Para aquellos que sientan curiosidad está en el barrio italiano (North Beach), cuya calle principal es Coumbus Avenue.


Luces con forma de libros abiertos

Mural sobre la fachada
 Hay un edificio conocido en la zona: Sentinel Building. Su estructura de acero sobrevivió al terremoto de 1906, momento en el que se encontraba aún en construcción. A principios de los 70 el director de cine Francis Ford Coppola lo compró y restauró, convirtiéndose en su primer estudio cinematográfico.

Sentinel Building
 Y después de la cena, hay que "bajar" la comida tomando una copa en el Vesuvio, un bar de lo más original y donde Amaia y Nere, después de semanas viajando por California, descubrieron una de las bebidas más típicas de los Estados Unidos: el cosmopolitan.

Bar Vesuvio

Fachada lateral del bar
Finalmente llega un momento que ninguno de los cuatro queríamos pero que tarde o temprano está ahí: la despedida. Amaia y Nerea tienen cita al día siguiente en el aeropuerto para regresar a Bilbao, así que nos dejan a Isra y a mí en San Francisco con una pena y una alegría al mismo tiempo por los momentos tan bonitos que hemos pasado juntos.

En esos momentos se da otra de esas curiosas sensaciones contradictorias. Unas amigas a las que estoy acostumbrado a ver en Bilbao, las veo al otro lado del océano y muy lejos de casa. Te despides y ellas vuelven a casa y, aunque yo continúe allí con mis mini-vacaciones, a la hora de marchar yo no regreso a casa... sino a mi "otra casa" en estos momentos: Montreal.

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